CONFIANZA. Que palabra más compleja

abril 3, 2009

Confianza es una palabra que se repite mucho al hablar de empresa, ya sea de estrategia o de gestión. “Confiar en las personas”, como frase está muy bien, pero…¿Porqué cuesta tanto aplicarla de verdad?

Es como todo lo nuevo, da miedo, y decirlo no cuesta, pero ponerlo en práctica mucho. Llevamos mucho tiempo gestionando nuestras organizaciones personalmente, hemos “confiado”, de verdad,  en pocas personas y no nos ha ido mal. En muchos casos se han levantado grandes empresas en torno a una única persona, la que dirigía, la que tomaba las decisiones.

Ahora nos encontramos en un momento de dificultad, estamos en crisis, las cosas ya no marchan solas, hay que empujarlas mucho más que antes, la competencia es dura porque hay menos negocio y porque lo que nos distingue ya no son las tecnologías o las máquinas a las que todo el mundo tiene acceso, solo nos pueden distinguir las personas, el conocimiento y el talento de las mismas, esas serán las bases de nuestras ventajas competitivas. Por eso creo que hay que empezar a confiar, no de palabra, sino de hechos en las personas que forman mi organización. Pero ¿qué es confiar?.

Confiar es dejar que las personas aporten, que sus aportaciones sean valoradas, que tomen decisiones sin miedo a equivocarse, que gestionen su trabajo, que puedan desarrollarse profesionalmente, conseguir que el sitio donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, nuestro trabajo, sea un lugar que motive y en el que nos encontremos verdaderamente a gusto. Y esto que sobre el papel parece sencillo y de una lógica aplastante, cuando llega la hora de ponerlo en práctica cuesta enormes esfuerzos.

“Nunca lo he hecho, tengo a un montón de gente cabreada,  ¿cómo voy a poder confiar en ellos, darles responsabilidades para que decidan, cuando yo no creo que estén totalmente implicados con la empresa?”.  Esto es la pescadilla que se muerde la cola, la gente seguramente no está implicada porque ha faltado esa confianza, ese dejar que se desarrollen como profesionales, esa idea de ganar-ganar, hemos construido organizaciones opacas donde la información no fluye, donde se delegan responsabilidades y no autoridades, donde no hay sistemas que permitan desarrollar esa confianza, donde solo algunos tienen la información por lo que el resto va a ciegas, donde el rumor ha campado a sus anchas. De esta forma la desconfianza es mutua. “Ellos tampoco confían en mi”.

Así que llegados a este punto, alguien tendrá que dar el paso, y ya que las decisiones hasta ahora han nacido desde arriba parece lógico que se empiece a confiar de la misma manera. ¿A qué tenemos miedo?, está demostrado que el resultado de este proceso es tan positivo que compensa todos los riesgos que tenemos que asumir. Es el momento, definamos un proyecto de empresa compartido, dejémosle a la gente participar y CONFIEMOS. No valen las palabras, valen los hechos, cuanto antes empecemos, antes haremos de nuestras organizaciones sitios más agradables, más productivos, en definitiva, mejores. Dotémonos de los sistemas adecuados para que esa confianza se traduzca en resultados y recordemos que la confianza se gestiona. Aprovechemos el conocimiento de nuestra organización que es mucho y está siendo dilapidado cada día que pasa. ¿Empezamos?

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